jueves, 22 de diciembre de 2011

T.G.I.F.

El viernes pasado fue el primer viernes que salí por Liubliana. Curioso que sea ahora que no vivo allí, y después de tantísimo tiempo. Pero no lo escondo, desde que vine a Eslovenia llevo una vida de pureta total, y yo tan a gusto. La razón fue que teníamos un par de fiestas de amigos. La primera era una celebración de cumpleaños de una amiga de Monika. Estuvimos en su piso en Bežigrad (uno de los barrios principales de la capital) picando algo y después marchamos para el centro al segundo evento de la noche. Silvia, otra voluntaria española, celebraba una fiesta de despedida, ya que se marchaba a casa, de momento para no volver. Una pena, porque Silvia diría que fue mi primera amiga por aquí, y la echaré mucho de menos. Cuando llegamos a Green Space (un nuevo bar de tapas en el centro regentado por un francés y un español, pero en el que no comimos nada; ya habrá otra ocasión) los ánimos ya estaban caldeados y después de algunos "bambus", que como ya he dicho algunas veces es el calimocho esloveno, nos marchamos a Orto. Es uno de los pocos garitos de rock al margen de los de Metelkova. Está un poco a las afueras del centro y, sí, os podéis reír con el nombre (que por cierto, mi paquete de telefonía también se llama así; no sé que les pasará a los eslovenos con los ortos). Ya había estado hacía mucho tiempo, pero no en este plan. La verdad es que estaba hasta arriba y nos los pasamos bastante bien, hasta que Monika y yo nos fuimos a dormir a casa del ex-vecino, al lado de nuestra antigua morada. Fue una sensación entrañable salir en fin de semana en la ciudad después de tanto tiempo y ver ese ambiente especial que recorre las calles.

¡¡¡Silvia vuelve!!!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Noch einmal in Wien

Sí, amigos que entienden algo de alemán. A este paso va camino de convertirse en una tradición, y no es otra cosa que la visita navideña a Viena. Si el año pasado fue el fin de semana anterior a mi cumpleaños, éste lo ha sido el de justo después. Muchas cosas han sido iguales, pero otras han sido bastante diferentes. Esta vez fuimos en coche con amigos eslovenos, saliendo el sábado prontito por la mañana desde Zasip y llegando a la otrora capital habsbúrguica para comer, cosa que hicimos (como no podía ser de otra forma) en Deewan. El trayecto se alargó un poco más de lo esperado, porque las autoridades eslovenas tuvieron a bien cerrar el tramo de autopista entre Celje y Slovenske Konjice (dos localidades importantes) sin una razón de peso. Yo creo que simplemente por joder un poco al personal. La frontera la cruzamos en Šentilj, que precisamente fue el primer punto por el que entré en Eslovenia allá por julio de 2009. Por cierto, he de decir que las autopistas eslovenas no le tienen nada que envidiar a las austriacas, y que en algunos aspectos son incluso mejores.

Una de las paradas a la ida la hicimos en Trojane,
lugar típico de parada en los viajes por Eslovenia
para degustar sus famosos y típicos "krofi",
que son una especie de donuts. A mí no me
gustan especialmente, pero había ganas de
probarlos allí, que es curioso ver los anuncios
por las zonas cercanas de la autopista. Atención a la
calidad de la foto, hecha con mi flamante nuevo móvil

Nos volvimos el domingo cuando cayó la noche, así que en realidad estuvimos un poquito más de 24 horas. Horas que nos dieron para visitar unos cuantos mercados navideños (el del ayuntamiento es increíble la de visitantes que tiene), con su correspodiente "Glühwein". Esta vez también cayeron unos cuantos "Punsch" (ponche), que los había de mil sabores diferentes. Y, por descontando, también catamos el famoso kebab vienés. Este año además nos permitimos el "lujo" de ir a la ópera. Es un decir lujo, porque las entradas (de pie) salieron a dos euros por barba. La primera parte sí nos tocó aguantar como unos campeones, pero fichamos unos asientos libres y ya para la segunda la vimos tan ricamente sentaditos. ¿Y qué vimos? Pues Carmen, que yo ya la había visto, pero no en la Volksoper como en esta ocasión sino en la Staatsoper (con la consiguiente diferencia de calidad), y no en alemán sino en francés, idioma de la versión original. Me extrañó el hecho de que fuese en ese idioma, pero tal vez se deba a que la Volksoper es la ópera popular, como su propio nombre indica. En fin, ni idea.

Con todos ustedes el mejor postre de la historia:
"mango kheer", cortesía de Deewan

Claro está que de nuevo me entraron ganas de quedarme mucho más tiempo allí, pero no me sentí tan extraño como el año pasado. El tiempo pasa y el erasmus me parece ya algo lejanísimo. Y gracias a esto disfruté mucho más la visita. Pudimos ver a algunos amigos de aquella época con los que aún tenemos contacto, pero, la verdad, ya no sé sí me gustaría vivir allí. Por una parte sí y por otra no. Otra cosa que pude comprobar es que, como me temía, mi alemán prácticamente ha pasado a mejor vida. Si leo algo puedo entender más o menos, pero si intento hablar el esloveno siempre me invade la frase. Y es que supongo que los tengo almacenados en la misma parte del cerebro. Con el inglés no me pasa, pero digo yo que será porque lo tengo mucho más asimilado. Al menos, puedo decir que mi esloveno no está nada mal, porque casi todo el finde lo pasé hablándolo, y no poco.

El mercadillo navideño de Spittelberg, uno de los más coquetos.
Nótese la falta de nieve. Por aquí nos seguimos preguntando
dónde está

domingo, 4 de diciembre de 2011

Še en koncert

Entrada número 50. Siempre he pensado que las efemérides, o números significativos como este, son una tontería como un piano, pero es algo tan arraigado en nuestra cultura que es prácticamente imposible sacárselo de la cabeza. Y muchas veces hasta nos condicionan. Pero esta vez no ha sido el caso. Tengo una entrada diferente pensada desde hace mucho tiempo, pero nunca encuentro la inspiración, las ganas o el momento de sentarme a escribirla. Así que tendrá que esperar, o tal vez nunca llegue a transformarse en palabras. Pero a lo que vamos. Anoche salimos (¡milagro!) y fue otra vez para ir a un concierto de John Doe. En esta ocasión era en Lancovo, un pueblo más pequeño que Zasip que queda a unos diez kilómetros, en un bar con una decoración más que peculiar (como podéis ver más abajo). La entrada era libre y el bar estaba bastante lleno. Ellos empezaron la noche, y pude ver más de lo mismo que había hecho otras veces anteriores: simplemente unas cuantas buenas versiones de rock (destaco una nueva que hicieron del temazo "What you know" de Two Door Cinema Club), porque no tienen bajista fijo y eso les condiciona mucho el repertorio. Tocaban otros dos grupos. Los siguientes fueron MIT, que iniciaron la parte metalera de la noche. Yo diría que se acercan al Nu metal, pero tampoco estoy muy puesto en estas corrientes. Al poco de que empezaran a tocar me di cuenta de que ya había oído algo de ellos en un programa de videoclips de música eslovena que antes me tragaba con asiduidad. Me gustaron bastante. Tenían mucha actitud en el "escenario" (que no lo había) y un sonido demoledor, y tocaban más que bien. Además, se marcaron unas versiones muy guapas de Depeche Mode. Os dejo con el videoclip con el que los había conocido, parte del cual está grabado en la facultad de Monika en Liubliana, en lugares en los que paso no pocos ratos muertos:



Los encargados de cerrar la noche fueron Profeel, a los que ya no vi porque tiraban más hacia el Trash, y a mí ese estilo me va más bien poco. Además, estaban a un volumen ensordecedor y los oídos me dolían. También empezaba a ser tardecillo y uno ya no está para esos trotes.

Lo prometido es deuda. Esto es lo que captó mi atención
nada más entrar en el local. Estaba decorado todo con
carteles antiguos, principalmente de calles (había justo uno al
lado de éste de la "Avenida del Mariscal Tito" de época
yugoslava). Viendo otros, pude deducir que concretamente
era de Radovljica (Radmannsdorf para los alemanes), y lo que
me sorprendió es que era original de la época, estoy seguro.
Viendo mis últimas entradas puede parecer que soy de
tendencias nazis, y nada más lejano a la realidad. Lo que sí
es  cierto es que, como "historiador", este período histórico
me fascina y poder ver cosas como estas in situ
es más que interesante.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Parlament

Esta mañana, durante uno de los muchos ratos muertos que me quedan en Liubliana entre los horarios de los trenes y las clases, he estado en una visita guíada por el parlamento esloveno. Me parecía una buena forma de matar el tiempo. El evento estaba organizado por ESN (Erasmus Student Network), la asociación que se dedica a organizar cosas para los estudiantes Erasmus. Aquí en Eslovenia nunca había asistido a nada de ellos, porque en realidad tampoco tengo mucho contacto con el mundo Erasmus. El año pasado sí que conocí a algunos y tuve cierto trato, pero este año nada por el momento, y tampoco creo que lo vaya a haber. El caso es que tengo al ESN de Liubliana como amigo en el Facebook y siempre me llegan sus eventos. Les suelo echar un ojo por si hay algo interesante, y esta vez me pareció el caso.

Una foto que le hice al edificio del parlamento esloveno
un noviembre, pero de 2009

Y ha resultado, cuando menos, entretenido. El edificio del parlamento esloveno no es gran cosa. Se construyó en 1959 bajo planos del arquitecto esloveno Vinko Glanz con el fin de albergar las sesiones de la asamblea nacional de la República Socialista de Eslovenia (por supuesto, miembro de Yugoslavia), y una vez lograda la independencia siguió cumpliendo las mismas funciones para el nuevo estado. Uno de los conserjes nos ha guíado en inglés, contándonos cosas de la historia del país (reflejada magníficamente en un gran fresco del interior, del cual por cierto me ha llamado poderosamente la atención el hecho de que Stalin y Hitler estén representados) y de su actual funcionamiento "democrático". Y sí, lo pongo entre comillas porque ya sabéis lo que pienso de esta nuestra democracia occidental. El edificio contiene las dos cámaras de representación: el consejo nacional y la asamblea nacional. Esta última cuenta con noventa diputados y es donde verdaderamente se toman las decisiones. Aquí, al igual que en España, el gobierno cayó hace poco y hay elecciones anticipadas, a celebrar el próximo fin de semana. Todas las calles de tanto ciudades como pueblos, incluido Zasip, están forradas con los caretos de los políticos. Esperemos tener más suerte que vosotros. Desde aquí mis más sinceras condolencias por los hijos de Satán que os han tocado a vosotros (y, en realidad, a mí también).

La asamblea nacional


viernes, 4 de noviembre de 2011

Jezersko

El fin de semana pasado en Eslovenia era uno de los "puentes" más largos por aquí (hay bastantes menos festivos que en España). Ello se debe a que el 31 de octubre es el Día de la Reforma (sí, manda huevos que haya un festivo protestante en un país católico, pero se debe a que la Biblia protestante de Primož Trubar fue el primer libro publicado en lengua eslovena) y el 1 de noviembre es como allí, aunque aquí se llama "Día de recuerdo a los muertos" y me parece que tiene mucha más relevancia que allí, y lo mismo pasa con Halloween (casi todas las casas tienen una calabaza decorada en el jardín). Lo empecé bastante enfermo, así que se nos chafaron unos cuantos planes, pero al menos el lunes por la mañana pudimos hacer un pequeño viaje, sin salir de Gorenjska, a Jezersko, un lugar en el que no había estado nunca. Es un pequeño lago en las montañas en el que pasamos un ratito paseando y tomando una bebida calentita. Lo mejor fue el trayecto en coche, atravesando niebla para salir al sol y una carretera de montaña rodeada de picos, ríos y arroyos, casas típicas alpinas y los increíbles colores otoñales de los bosques eslovenos, y que nos dejó a muy pocos kilómetros de una frontera más con Austria. Y como creo que no voy a subir más fotos al Facebook, por aquí os dejo unas cuantas para que podáis apreciar por vosotros mismos la belleza del lugar:

Los Alpes de Kamnik y de la Savinja, que no los Julianos,
a un paso

Supongo que esto es la definición de una aldea alpina...

... y esto de aguas cristalinas

El lago

Una bebida caliente en la terraza de ese restaurante
al sol de otoño: un pequeño placer de la vida

martes, 25 de octubre de 2011

Stage Bottles

Mucho silencio ha habido aquí, tal vez por demasiado tiempo. El silencio se debe a una rutina en la que pocas cosas extraordinarias suceden. La vida en Zasip se limita a estar en casa, pasear a Kala y poco más, pues el frío ha llegado. Y ha llegado para quedarse (en Liubliana nevó el otro día a 20 de octubre, ¡a 20 de octubre!). Entre semana prácticamente sólo estamos aquí para dormir, ya que estamos trabajando en Liubliana, y los fines de semana no estamos haciendo mucho pues queremos no gastar mucho dinero, y por fin mejorar un poco nuestra situación económica, como parece que está sucediendo. Así pues, mi tiempo está casi totalmente dedicado a la enseñanza de español. Trabajo casi tanto como quería y esperaba, pero me cancelaron algunos cursos por falta de alumnos y eso me fastidió un poco las previsiones. Pero podría ser peor.  Estoy trabajando en diferentes escuelas de idiomas y hasta en un colegio público, dando español a unos niños como una actividad extraescolar. Más que interesante la experiencia, de la que sin duda voy a aprender mucho. Además, me sigo formando para ello, y hace unos días volví al encuentro de profesores organizado por el Instituto Cervantes de aquí. Estuvo muy bien y pude conocer alguna gente nueva que está por Eslovenia.

La foto es tan mala como mi móvil esloveno, pero el bajista
de Stage Bottles llevaba una camiseta de Kortatu

Pero a lo que vamos. El miércoles pasado volví por fin a un concierto después de algunos planes frustrados. Volvió a ser en Metelkova y otra vez más en Menza. Fui solo, como hacía mucho tiempo que no iba a un concierto. Y todo por ver a los Stage Bottles, un grupo alemán de punk-oi del que había escuchado algo y me molaban bastante. Dentro del rollo son bastante conocidos y no podía desperdiciar la oportunidad de ver a un buen grupo, que aquí no hay muchas ocasiones para ello. No hubo mucho público, y eso que sólo costaba cinco euros. La noche la abrieron los locales G.U.B, un grupo punk de Liubliana. Tocaban bien, pero hacían un punk demasiado simple para mi gusto. Y luego los Stage Bottles, que empezaron como un tiro y se alargarían en el escenario durante una hora y media. Hacen un punk clasicote, no muy rápido, en inglés y con un toque especial gracias al saxofón. No fue el concierto de mi vida, pero sin duda lo disfruté.

De propina, el temazo con el que los descubrí y con el que abrieron el concierto:


lunes, 26 de septiembre de 2011

Eno leto

Si las cuentas no fallan ayer se cumplía un año exacto del inicio de esta experiencia de vida en Eslovenia. Y no os preocupéis, que aunque luego nunca se sepa qué va a pasar y la vida da muchas vueltas, de momento me gustaría aún vivir en España. Un año da para mucho, por supuesto para cosas buenas y malas. Lo mejor, sin duda, el poder tener una relación "normal" con Monika, con las cosas buenas y malas de la convivencia. La de películas que habremos visto. Me he vuelto un experto cinéfilo, y además mi inglés en cuanto a comprensión de nativos ha mejorado muchísimo, ya que vemos siempre todo en versión original, sea el idioma que sea. ¡Y cómo nos lo pasamos con Kala y Frida, la gata! No puedo olvidar la bici, está claro, con la chapa que he dado por aquí. Y con el esloveno estoy más que satisfecho. Tardé en soltarme, pero después de "sólo" un año puedo decir que lo hablo. Sí, con muchos errores y con muchísimo que aprender aún. Pero creo que estoy más que en el buen camino. Más cosas positivas: el voluntariado (de lo que ya hablé hace poco, así que no me repito) y el trabajo como profesor de español. Después de la primera experiencia con ello en España aquí me terminé de asentar en la profesión, trabajando mucho mejor y sintiéndome aún más profesional. Pero en este campo también queda muchísimo que mejorar. De hecho, como ya sabréis, este año que empieza me voy a dedicar plenamente a ello, trabajando en diferentes academias e instituciones (van saliendo clases, y por el momento la cosa va bien, aunque espero que vaya a mejor).

También muchas cosas malas, que a mí siempre me gusta sacarle el lado negativo a todo. Para mí lo peor de este año ha sido el tema de la amistad. No he hecho amigos. Sí, he hecho colegas o conocidos a través del voluntariado y también tengo a los amigos de Monika, pero amigos de verdad no he hecho. Y lo echo mucho de menos. Es lo que más echo de menos de España, relacionado mucho con nuestra cultura de allí de vernos muy a menudo y estar todo el día en la calle. Hay cosas de la cultura eslovena que me repatean y otras que me gustan, como todo. Algún día debería escribir una entrada sobre esto, que vergüenza debería darme. La parte económica también tiene lo suyo, ya que nos las hemos visto mal todo el año y aún seguimos así. De hecho, no lo había dicho por aquí, pero por ahora hemos dejado Liubliana y estamos viviendo en Zasip temporalmente, a la espera de saber cuánto voy a trabajar finalmente. Pero bueno, esto también tiene sus cosas buenas y es que aprendes a valorar las cosas importantes y a administrarte mejor. Supongo que entonces el título de Dragones y Changarras deja de tener algo de sentido, pero lucharemos para volver a Liubliana cuanto antes. Además, que seguimos yendo allí a trabajar casi todos los días. 

Y esto es sólo lo que me viene ahora a la cabeza. La de cosas que se me olvidarán... y las que aún quedan por pasar. Espero seguir contándolo.



domingo, 18 de septiembre de 2011

La siempre apasionante aventura de viajar desde/a Eslovenia

Aquí estamos de vuelta otra vez desde hace ya unos días, y, claro está, los viajes han sido una odisea de horas y lugares. No hay otra forma de moverse entre Eslovenia y Madrid, a no ser que te quieras gastar el pastón increíble que cuestan los billetes de Adria, la compañía aérea nacional eslovena que ofrece vuelos directos en verano entre Liubliana y Madrid. Que por cierto, aún no he volado nunca con ellos. Manda huevos. Total, que a la ida (sí, supongo que para mí ir de Eslovenia a España, ahora, es hacer la ida) volé con el billete de vuelta, valga la redundancia, del voluntariado. Lo que quiere decir: con Czech Airlines haciendo escala en Praga. En un principio la escala iba a ser de un par de horas, pero hubo un cambio en el vuelo a Praga. Al final tenía el vuelo en Liubliana a las seis de la mañana y después en Praga a las ocho de la tarde. El resultado de ello fueron doce horas entre un avión y otro en el que evidentemente me marché a la ciudad. Ya había estado antes, pero aún así estuve paseando por los lugares turísticos con tranquilidad y haciendo alguna cosa un poco más diferente. La gente se vuelve loca con Praga, pero a mí tampoco es que me pirre. Reconozco que es especial, pero me pasa lo que con Venecia. Hay tantos turistas que es un poco asqueroso. Eso sí, esta vez no había ni la mitad de los que vi en mi primera visita.

Un dragón en Praga

Y al volver aquí innové e improvisé un poco. La última vez que hice la ruta de Venecia acabé un poco harto y además los de Vueling han cancelado la conexión con Madrid, así que me dediqué a buscar otra alternativa. Y creo que ha resultado ser la mejor por ahora. Me siento un poco idiota por no haberla encontrado antes. Volé desde Madrid a Verona con Ryanair (muy barato). Allí me di unas horas para visitar la ciudad, ya que nunca había estado por allí. Como todas las ciudades italianas está genial, y ésta también estaba petada de turistas, ya que para los que no lo sepáis (yo tampoco lo sabía, o al menos no lo recordaba, hasta unos días antes) es la ciudad de Romeo y Julieta. Además hay un imponente anfiteatro romano, que es el primero que veo en mi vida. Una vez hecha la visita de rigor cogí un tren con destino a Gorizia, la parte italiana correspondiente a la ciudad eslovena de Nova Gorica. Tuve que cambiar de tren en Mestre (la parte de Venecia en tierra firme) y en este otro conocí a un personaje iraní que iba a hacer negocios a la Koper eslovena. Me encanta charlar con gente en estos viajes, siempre me fascinan las historias que cada uno esconde. Llegué al destino e iluso de mí, creía que Gorizia y Nova Gorica compartían la estación de tren, pero no es así. Con lo cual, con la mochila a cuestas tuve que cruzarme a pie toda la ciudad italiana, a la que ya le eché un ojo de paso y me sorprendió muy gratamente. Si es que cualquier ciudad italiana es bonita. Habrá que volver por allí con más calma, ya que en Nova Gorica volví a no ver nada más allá de la estación de tren, junto a esa plaza de la que ya hablé hace tiempo. Esta vez llegué a la plaza desde el lado italiano (que por cierto, se llama Plaza Transalpina y no Plaza de Europa como la parte eslovena) y cuando la crucé por fin pude descansar. Desde allí simplemente ya un tren a Podhom, el pueblo de al lado de Zasip que simplemente está separado por la propia vía del tren. Vamos, que como podéis ver cualquier viaje a este país es hacer un mini interrail.

Miles de enamorados mancillando la casa de Julieta en Verona

Entre Italia y Eslovenia

miércoles, 31 de agosto de 2011

Poletni tabor

Aquí estoy recogiendo el piso de Liubliana, que hoy lo dejamos a un día de parece que ya de manera confirmada volver a España, aunque ya sabéis que simplemente por unos días. Pero tampoco quiero pararme a hacer balance de este primer año en Eslovenia, ya habrá momento para eso. Con esto también se termina el voluntariado, al que fui por último día el lunes, a modo de despedida. Esto después de pasar toda la semana pasada en el campamento de verano, que fue un magnífico colofón a esta increíble experiencia. Para mí, el Servicio Voluntario Europeo empezó siendo una excusa para sobrevivir aquí, pero al final ha acabado siendo una experiencia vital genial en la que he aprendido un montón de cosas y que me ha permitido hacer un tipo de cosas que de otra manera nunca jamás habría hecho. Por ejemplo, redescubirir a los niños y a los adolescentes. Sin duda ha merecido la pena.

Por razones obvias, no pongo fotos de los niños.
Aquí, Novigrad desde el barco

Desde hacía mucho tiempo sabía cómo pasaría esta última semana de voluntariado, ya que en el centro me propusieron participar en su campamento de verano anual. Para mí fue una sorpresa y se lo agradezco un montón, porque ha sido algo increíble, ya que ni como niño había participado en una cosa de estas características, así que mucho menos como monitor. El campamento consistió en una semana con casi treinta niños en la costa de Croacia, muy cerquita de Novigrad. Concretamente estuvimos en Pineta, una especie de campamento de verano que curiosamente pertenece a la región eslovena de Gorenjska. Allí estuvimos disfrutando de las playas croatas (ya sabéis, roca, hormigón y pinos, lo que le da una belleza especial) y haciendo un montón de talleres. Yo tuve cierta responsabilidad respecto a un grupo de niños y dirigí un taller musical junto a mi compañero Darko, en el que nos dedicamos a aprender "La cucaracha" tanto en esloveno como en español con vistas a una actuación final. He aprendido mucho de la experiencia (los niños te dan tanta alegría como quebraderos de cabeza), pero ha sido algo agotador, ya que estábamos desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche todos los días sin parar. Tanto, que volví malo con un constipado importante. Aparte, también hicimos un par de excursiones, una a Novigrad (Cittanova en italiano), de la que no pude ver mucho, y otra en barco a Poreč (Parenzo), en la que no pude resistirme a escaparme un rato para ver el casco antiguo, ya que es uno de los lugares istrianos más conocidos. Pude comprobar que es una ciudad típica de las que estuvo bajo control veneciano. Con las ganas me quedé de ver con más detalle la iglesia bizantina Patrimonio de la Humanidad que tiene. Como con ganas me he quedado de explorar más Istria durante este verano, pero es lo que hay. Ya habrá tiempo.

Las puestas de sol en el Adriático: espectaculares

En cuanto al final en Kresnička, no hay tal final, pues aún tengo algunos asuntos que arreglar relacionados con el SVE y además seguiré siendo voluntario, pero ya de manera normal, aportando lo que pueda cuando pueda, dependiendo del tiempo que tenga. Así que no hay momento para la tristeza de los finales. Además, que me gustan los finales, son una de las salsas de la vida, y siempre suponen el principio de otras cosas. Y tengo muchas ganas de empezar esta nueva etapa en Eslovenia. Veremos qué nos depara.

viernes, 12 de agosto de 2011

Eslovenia Corazón

Eslovenia Corazón es la única página web eslovena completamente en español, si no tenemos en cuenta páginas de turismo. Existe ya desde hace casi un año y medio y se debe a la labor de Carlos Yoder, que es uno de los veteranos (al menos para mí, que llevo poco tiempo por aquí) de la comunidad hispanoparlante en Eslovenia y al que tengo el gusto de conocer. La web la conocí buscando cosas de Eslovenia por internet en aquel período en el que venía de manera regular (¡ay, qué tiempos aquellos!), y pretende ofrecer una información completa sobre todo lo que tenga que ver con Eslovenia y el español. Está muy bien, la verdad. Y es válida tanto para turistas, con información para ellos y artículos sobre la cultura y la historia eslovena, como para residentes, con informaciones sobre papeleos y una completa agenda dedicada únicamente a los hispanohablantes. De hecho, Eslovenia Corazón ya ha tenido cierto reconocimiento y repercusión en el país. Si hablo de ella ahora es porque hace un par de días han publicado mi primer artículo (sin intención de sonar demasiado pretencioso) para la web. En lo que he escrito hablo sobre el proceso de cómo obtener un Servicio Voluntario Europeo en Eslovenia, así que no es que sea especialmente interesante, pero espero que este artículo sea el primero de muchos. Creo que habrá más, en los que trataré contar otras cosas sobre el país. Aquí os dejo el enlace por si lo queréis leer: http://esloveniacorazon.si/articulos/preguntas-frecuentes/el-servicio-voluntario-europeo-sve-o-una-manera-de-ser-voluntario-en-eslovenia


domingo, 7 de agosto de 2011

Eslovenia. Guía Azul

Suena raro, pero me gustar leer guías turísticas. De hecho, bastante. Sí, a casi todos nos gusta echarles un ojo más o menos concienzudo cuando vamos a algún sitio. Pero yo últimamente me las leo de cabo a rabo, y las disfruto especialmente cuando no soy turista, sino cuando vivo en el lugar. Las guías están dirigidas a turistas, es cierto, pero leyéndolas siempre puedes encontrar cosas interesantes o pequeños lugares con encanto. Cada vez me gustan más este tipo de sitios y me parecen más aburridos los grandes destinos turísticos. Pero, por supuesto, también vaya por delante que en muchos aspectos, como la redacción o la veracidad de la información, normalmente estos libros dejan mucho que desear. 

El caso es que antes de venirme a vivir aquí me hice con el número de Eslovenia de la colección Guía Azul, aunque no fue hasta hace unos días cuando me dio por leerla. No fue nada barata (más de 20 euros), pero me apetecía tener una. Me llamó la atención porque tenía bastantes fotos, y aunque normalmente eso no es sinónimo de calidad me gusta ver las cosas sobre las que leo. Después de habérmela terminado puedo decir que me ha decepcionado un poco, porque contiene muchos errores, hasta el punto de que por ejemplo no aparecen mencionados lugares como Radovljica o Begunje na Gorenjskem, de cierta importancia turística. Pero bueno, creo que es algo inseparable de esta literatura (además que para un turista está más que bien). Siempre me pregunto cómo las hacen (esta la escribió un tal Ángel Ingelmo Sánchez). El turístico es un sector al que me encantaría dedicarme, y probablemente sea uno de los objetivos para el segundo año en Eslovenia. De todos modos me gustó leer sobre muchos sitios que ya conozco y otros que aún no y me muero de ganas. Echando la vista atrás a este casi año que llevo ya por aquí, la verdad es que no he viajado tanto por Eslovenia como pensaba hacer (cosas de la economía), pero aún así he descubierto un buen número de lugares (Bohinj, Maribor, Novo Mesto, Goriška Brda, etc.). Los que no he podido siguen en el punto de mira: Bovec y el río Soča, Kamnik, Koroška, Prekmurje, y así hasta un largo etcétera. Aún queda tiempo. Por cierto, que esta Guía Azul es una de las pocas guías en español sobre el país, que cada vez emerge más como destino turístico (de hecho, ahora en verano no hay día en el que no me cruce con turistas españoles). Hasta donde yo sé, sólo existen otras dos: la de la colección Guía Viva (que me la leí justo antes de venir y creo que está bastante mejor, además de ser bastante más barata) y una de la editorial Laertes, que nunca he visto.

Este finde eran las fiestas de Zasip. No han sido
comparables a lo de allí, pero hemos estado en algún
concierto y hemos bebido Bambus (el calimocho de aquí).
También vimos entregas de premios. Dan premios a las
casas más bonitas del pueblo. Me gustaría ver eso
en España. Asesinatos habría...



domingo, 31 de julio de 2011

Dopust

El interés por este mi blog va bajando a pasos agigantados. Pero bueno, es algo con lo que había que contar. Creo que ya sólo se mantienen al pie del cañón los más fieles y algún que otro despistado que llega a aquí "googleando" cosas de Eslovenia en español. Al fin y al cabo, mientras a mí me queden ganas de seguir escribiendo, eso es lo más importante. Esta entrada también viene con tiempo de retraso, pero a partir de ahora espero volver a ponerme al día. Y en ella voy a hacer un breve resumen de las tan deseadas vacaciones después de este primer año (¡casi ya!) en Eslovenia. Llevaban ya bastante tiempo planeadas y nos costó ahorrar para ellas, pero finalmente las pudimos disfrutar a tope. Fueron diez días a mediados de julio, primero con una semana en Londres y después con tres días en Istria (Croacia).


Mi hermana y su marido viven en la capital inglesa desde enero, así que era visita obligada, ya que desde Eslovenia o alrededores hay multitud de posibilidades de vuelos baratos. Nosotros finalmente elegimos el aeropuerto de Klagenfurt, que es la capital de la Carintia austríaca y está a escasos cincuenta kilómetros del pueblo de Monika. Sus padres nos llevaron en coche, cruzando esa frontera por Ljubelj de la que hablé hace no mucho. Me llamó mucho la atención que por el lado austríaco, Loibl, que así es como lo llaman los austríacos, es mucho más puerto de montaña. Y más aún me sorprendió el estrambótico y bizarro monumento a Jörg Haider (el antiguo líder de la ultraderecha de Carintia y gran enemigo de la minoría eslovena en Austria, negando sus derechos al bilingüismo) en el lugar de su fallecimiento en accidente de coche, ya a escasa distancia de la ciudad. Después del pertinente retraso del avión, llegamos al aeropuerto de Stansted y desde ahí nos encaminamos a la gran ciudad. Yo ya había estado en Londres, pero tan sólo un par de días de paso en uno de mis anteriores viajes a Eslovenia. La verdad es que no me gustó nada la ciudad: demasiada gente, demasiadas tiendas, demasiado tráfico, etc. Pero esta vez iba con una mentalidad un poco más abierta y he cambiado bastante de parecer. Sí, es agobiante, pero probablemente Londres sea la ciudad por excelencia en todo el mundo. Allí se puede ver absolutamente de todo. Tuve mucho más tiempo para apreciar la ciudad con calma, y nos metimos una buena sesión de museos (que si la Piedra Rosetta, que si "El matrimonio Arnolfini"...), de paseos y de todas esas cosas que se hacen cuando se es turista. Además, un día hicimos una excursión a la costa meridional, visitando Brighton (impresionante palacio e impresionante muelle) y el perdido y sorprendente pueblo de Arundel. Una buena semana, sin duda.

Con las ganas me quedé de probar el Atlántico. Me tuve
que conformar con mojar los pies

Al volver, y tras un breve paso por casa nos encanimos hacia Croacia, más concretamente hacia la Península de Istria. Istria es la península más importante del Adriático, empezando en el Golfo de Trieste y llegando hasta Rijeka, pasando antes por Pula al hacer el "triángulo". Así pues, la costa eslovena forma parte de Istria. No en vano, Koper, la capital de la costa eslovena, tiene por nombre italiano (en toda la costa eslovena son oficialmente bilingües) Capodistria, o "cabeza de Istria". Cruzamos la frontera esloveno-croata muy cerca de la costa y nos dirigimos hacia nuestro destino: Vrsar. Por la carretera me sorprendió mucho la cantidad de bosque que hay allí. No sé por qué, pero yo me esperaba un paisaje mucho más árido. Ingenuo de mí. Vrsar, u Orsera en italiano (sí, en esta parte de Croacia también hay bilingüismo), es un típico pueblo istriano, con su aire veneciano y su iglesia en el punto más alto. Y también con su absoluta dedicación al turismo de playa en la época veraniega. Aquello estaba hasta arriba de italianos, holandeses y alemanes. Nos alojamos en un pequeño camping (que, por cierto, era la primera vez que hacía eso) muy cerquita de la playa. Poco que contar de lo que hicimos esos días: playa (de piedra y bosque, claro está), algún paseo por el pueblo y comer pescadito frito. Nunca vienen mal unos días de descanso. A la vuelta, hicimos una pequeña parada para ver el cercano canal de Lim, que en las excursiones turísticas también se atrevían a llamarlo fiordo. Más bien es una ría y a mí me impresionó bastante, ya que nunca había visto algo así. Istria tiene mucho más que ofrecer, pero ya hay otra visita planeada para más adelante y con más detalle, de la que hablaré en su debido momento.

El Adriático desde el casco antiguo de Vrsar


Lim

domingo, 24 de julio de 2011

Festivali


Este entrada debería haber aparecido hace algunas semanas, pero, como justo decía hace poco, esto va por rachas. Y en ella quería mostrarme algo melancólico por el inicio del verano, que definitivamente me pilla lejos de donde solía pasarlo: la provincia de Segovia. Cosas de hacerse mayor. Echo de menos esos días sin hacer nada pero en los que no existe el aburrimiento y las fiestas de los pueblos (aunque ésto, para ser sincero, me da bastante igual desde hace unos años). Pero no os creáis que aquí en Eslovenia no existen las fiestas de los pueblos. Las hay, y muchas, gracias al marcado poblamiento rural del país. Eso sí, son bastante diferentes. Son más bien festivales, o tal vez se acerquen a algo que también tenemos allí y que son las semanas culturales. Esto es algo que pude apreciar el primer fin de semana de julio en diferentes eventos.

Ya era hora de que pusiese un dragón e
hiciese honor al título del blog.
Este, del Kovaški Muzej de Kropa

Ese viernes nos acercamos a Radovljica, que durante esa noche y la siguiente celebraba “Ko Radovljica se zaživi”, que no pasa de ser un festival de música englobado en los muchos acontecimientos culturales que se programan a lo largo de todo el verano en el municipio. Mucho ambiente y mucha gente joven para ver a unos cuantos grupos eslovenos, alguno de ellos conocido. Lo pasamos bastante bien y por fin pude ver en directo a John Doe, la banda de Aleš, un buen amigo de Monika al que ya había visto en formato acústico unas cuantas veces en algún pub en compañía del cantante del grupo. Tocan muy bien, pero la pena es que prácticamente sólo hacen versiones y de rock clásico, que no es que sea uno de mis géneros favoritos. Pero bueno, acaban de empezar y les queda mucho camino (y no puedo evitar en estas ocasiones, la añoranza de No me jodas). Después de ellos cerró la noche Tabu, una de las bandas eslovenas de pop rock más famosas. La verdad es que me gustaron mucho, a pesar de no haber escuchado más que alguna canción en la radio. Me sorprendió para bien una muy buena versión de Rihanna y para mal un poperizado “Enter sandman” de Metallica.

John Doe

A la mañana siguiente nos acercamos a Kropa, que celebraba el día grande de su “Kovaški šmaren”, el festival que recuerda la importancia histórica del pueblo como foco industrial en la forja de hierro. Ya había estado algunas veces por allí, como bien sabéis, pero lo cierto es que no me había acercado nunca al centro histórico. Todo en el pueblo está relacionado con la forja y tiene una cantidad enorme de forjados preciosos decorando el pueblo. Esto lo pudimos apreciar con Edina y la gente de Kresnička en una visita en la que ademas pudimos ver el museo en el que se conservan numerosas piezas, las casas antiguas en las que los trabajadores vivían en penosas condiciones y las diferentes fases en el proceso de la forja. Siempre muy interesante ver cosas así, en las que además uno se da cuenta de que actualmente no sabemos ni hacer la o con un canuto. También pude probar una bici diferente y hacerme con una guía sobre el municipio de Radovljica (al que Kropa pertenece) en inglés por un euro (ya me la leí y la verdad es que está muy bien, y si no me creéis la podéis ver en este enlace: http://www.radovljica.si/podrocje.aspx?id=142).

Con esta bici no creo que me hiciese tantos kilómetros

Y el domingo, ya en Liubliana, nos acercamos a la inauguración del Festival de Liubliana, que cada verano trae diferentes músicos prestigiosos a la capital. La inauguración se realizó en la recién inaugurada (después de muchos años en obras; de hecho yo nunca la había visto aún) Kongresni Trg, una de las principales plazas de la ciudad. Las orquestas filarmónicas de Eslovenia y Croacia, junto a muchos coros (más de mil músicos en total) interpretaron la octava sinfonía de Mahler, compositor al que se le están dedicando numerosos eventos este año en la ciudad, como efeméride de su paso por ella. Además, el concierto también servía como celebración del veinte aniversario de las repúblicas independientes de Eslovenia y Croacia (que fue el pasado 25 de junio, justo el día en que se reabrió la plaza), de ahí que tocaran las orquestas de ambos países. Había muchísima gente y la verdad es que el sonido tenía muy poca potencia. Así que después de estar una hora y ver que tampoco se podía disfrutar en condiciones nos marchamos para casa. Ya habrá tiempo de disfrutar de más festivales de estos.

Kongresni Trg a reventar

miércoles, 6 de julio de 2011

A brief history of Slovenia

Este título lleva otro libro que me he leído sobre la historia de Eslovenia, y también en inglés. Últimamente he estado profundizando en las bibliotecas eslovenas (que tienen un catálogo centralizado para todas las bibliotecas del estado, lo cual me parece cojonudo) para encontrar más libros sobre el tema, por una cosa que ya comentaré en su debido momento. Y así encontré esta otra obra, que básicamente cubre también toda la historia eslovena, y pude cogerla gracias al carné de Monika. Pero presenta muchas diferencias con "The land between...". El autor es sólo uno, Janko Prunk, al que se le ve mucho el plumero sobre sus presupuestos ideológicos (la crítica a las ideas yugoslavas es feroz). Me es difícil decidir si un historiador debe mostrar sus opiniones en un libro. Diría que no, porque el trabajo parece mucho menos profesional, pero también es verdad que es imposible no ser subjetivo y más en temas tan recientes. Así pues, este libro lo definiría como divulgativo para el público general y en absoluto como un trabajo de historia. Prunk se llega a citar a si mismo en el libro como parte importante en el proceso de independencia eslovena, lo cual, aunque sea algo cierto, me parece un poco pretencioso. Pero sí es verdad que ha ocupado cargos de importancia en la Eslovenia independiente. El libro, de en torno a las 250 páginas, pasa muy por encima toda la historia hasta el siglo XX, con lo cual, si no me hubiera leído la otra obra, no me habría enterado de nada. Después se centra bastante más en la centuria pasada y en la Eslovenia actual, resultado de la independencia respecto a Yugoslavia y la "Guerra de los diez dias" (en la que hubo sesenta víctimas). Una parte a destacar es el espacio dedicado a las minorías eslovenas fuera del territorio esloveno, tema muy interesante. Minorías eslovenas hay en Italia, Austria y Hungría, que quedaron fuera del estado esloveno a medida que se fue formando. Además, también son importantes las minorías en Argentina, Estados Unidos, Canadá y Australia, debido a las migraciones del siglo XX (especialmente causadas por la guerra civil interna que se produjo durante la Segunda Guerra Mundial).

La portada del libro, con "Sembrador",
uno de los principales cuadros de la
pintura eslovena, concretamente del
impresionista Ivan Grohar

sábado, 2 de julio de 2011

Prostovoljci v Novem Mestu

Igual que en diciembre tuve aquel curso en Goriška Brda, aún debía tener otro durante el voluntariado. Este otro curso es una evaluación a mitad del proyecto, y por tanto lo debería haber tenido en abril. Pero desde la agencia nacional eslovena accedieron a cambiármelo, ya que justo cuando se desarrolló estaban aquí Eduardo y Antonio. Y al final lo he acabado haciendo a principios de esta semana, con siete meses ya realizados y dos aún por completar. Últimamente estoy un poco cansado en Kresnička, supongo que por la acumulación de tiempo y que me he dado cuenta de que no quiero trabajar con niños en general, al menos no en otro idioma que no sea el mío (es bastante frustrante no poder expresarte con normalidad con ellos). Además, ahora hay una niña a la que no le gustó nada, lo que hace más difícil la tarea. La verdad es que tengo muchas ganas de pasar página y terminar el voluntariado, pero bueno, sólo quedan dos mesecitos y además de verano, con actividades bastante más relajadas. En el curso que me perdí en abril estaban prácticamente todos los voluntarios con los que coincidí en el de inicio del proyecto, así que estaba bastante a la expectativa de qué tipo de gente me iba a encontrar en este. Pero al final ya conocía a algunos, y me lo pasé bastante bien, echándome unas buenas risas. Conocí a gente para la que el SVE también es una excusa para sobrevivir en Eslovenia, y coincidí con la chica española de Hraše, además de conocer a otra voluntaria española que vive en Liubliana. Eso sí, algunas sesiones fueron un poco coñazo, con temas que ya me resultan muy repetitivos. Por otra parte, al ser en verano, deseaba con todas mis fuerzas que fuese en la costa, pero el lugar elegido fue Novo Mesto. Tampoco fue una decepción, ya que nunca había estado en esta ciudad. Novo Mesto es la "capital" de la región de Dolenjska (aquí la división en regiones es sólo en términos estadísticos y administrativos, ya que no hay gobiernos regionales) y quinta ciudad del país, con alrededor de cuarenta mil habitantes. La ciudad es interesante, ya que tiene el centro histórico totalmente rodeado por una curva de herradura del río Krka, pero la verdad es que no tiene mucho que ver aparte de la catedral y la plaza principal. Y en la misma plaza principal fue donde nos alojamos, en el interesante Hostel Situla, que toma el nombre del principal resto arqueológico prehistórico esloveno, el "Vače Situla" (de la cultura de Hallstatt). La ciudad estaba bastante muerta, pero la coordinadora del curso nos había preparado una sorpresita: un paseo en barca por el río alrededor del casco antiguo, que la verdad es que estuvo muy agradable. Refrescante, sobre todo meter los pies en el agua gélido y verde del Krka. El paseo estuvo acompañado de una degustación de Cviček, el vino con denominación de origen de esta parte de Eslovenia y que es muy ácido. A mi no me gusta el vino, salvo mezclado, así que me pareció bastante asqueroso. En fin, que una vez más no está nada mal tomarse unos días descanso, más si cabe si es a gastos pagados.

El Krka abrazando el casco antiguo

jueves, 30 de junio de 2011

Dirka po Sloveniji


Algunas veces muchas entradas vienen seguidas. Otras veces hay que esperarlas. Estos días no me han dejado sentarme a escribir sobre una cosa que pasó en el país entre el jueves 16 de junio y el domingo 19, que fue la vuelta ciclista a Eslovenia. Es algo que llevaba bastante tiempo esperando y me acerqué a ella un par de días. Para nada es una prueba ciclista muy conocida, pero no dejaron de venir algunos equipos y figuras internacionales. Y el recorrido era bastante atractivo, gracias a la orografía ondulada del territorio. En realidad, el primer día no me tuve que acercar mucho, ya que se trataba de un prólogo por las calles de Liubliana. Me cogí el día libre en Kresnička (por ello, y porque las últimas semanas estaban siendo duras allí) para poder disfrutarlo tranquilamente. Se pudo apreciar ambiente ciclista en la ciudad durante todo el día, mientras preparaban el recorrido y demás. De hecho, me crucé con el Liquigas de Nibali cuando iba por el centro con mi bici del servicio de préstamo. Ya bastante entrada la tarde, un paseo por la zona de "boxes" (por la que fue un lujazo pasear) y después marchamos a la línea de meta, para poder ver a prácticamente la totalidad de los ciclistas cruzarla. Había bastantes aficionados y daba gusto ver el centro histórico así, con la meta a los pies del ayuntamiento. La etapa se la llevó el local Robert Vrečer, del Perutnina Ptuj (uno de los equipos ciclistas eslovenos), secundado por los Liquigas Kristijan Koren (uno de los ciclistas eslovenos punteros) y Nibali. Éstos últimos tiraron maillots durante la ceremonia del podio, pero me quedé a un palmo de enganchar uno.

El podio en la escalinata del ayuntamiento

Y el sábado se celebraba la etapa reina, la de montaña, entre la localidad de Tržič (en Gorenjska) y la estación de esquí de Golte (ya en la región de Koroška, o sea, Carintia). Como la meta quedaba un poco lejos decidí acercarme a la salida. Nunca había estado en una salida y me picaba la curiosidad de ver cómo era. Y además lo hice en bici, ya que Tržič se encuentra a escasos 25 kilómetros de Zasip. Así, dejé el pueblo de Monika bien pronto y llegué hasta Begunje a través de Hraše (pueblo por el que no había pasado hasta entonces y en el que vive una de las chicas españolas que conocí hace poco), para a partir de ahí coger la carretera a Tržič. Me habían hablado muy bien sobre esta carretera para practicar ciclismo, y la verdad es que es totalmente cierto: no mucho tráfico, un continuo sube y baja fácil de llevar y unas vistas espectaculares sobre Gorenjska mientras se cruzaban un buen número de aldeas (voy a dejar de poner los nombres para no ser tan brasas). Una vez allí estuve esperando a la llegada de los ciclistas y les vi pasar por la ceremonia del control de firmas y realizar la salida neutralizada por las calles del pueblo (que por cierto, ya lo había visto anteriormente, pues Maruša y Matic, unos amigos, son de un pueblo cerca de allí). Cuando dejaron Tržič me volví a subir a la bici (no antes sin hacerme con una camiseta de la vuelta, gracias a la organización) para hacer unos cinco kilómetros en dirección a Retnje (precisamente el pueblo de estos dos amigos), ya que la carrera lanzada ya pasaría por allí. Llegúe justo a tiempo para ver pasar escapado a Grega Bole, otro de los principales ciclistas eslovenos y que es de Begunje, con cierto tiempo respecto al pelotón.

Con Carlos Sastre en Tržič. Podría haberlo
hecho mejor en la Vuelta a Eslovenia. Acabó séptimo...

Pero este sábado no acabó ahí, ya que, una vez unido a Maruša, Matic y Monika, nos acercamos (en coche, claro) a Ljubelj, un lugar que tenía ganas de visitar. Y es que ahí se encuentra el único campo de concentración que se creó en Eslovenia durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un campo muy pequeño y en plena montaña, que era dependiente del austríaco de Mathausen, y que fue creado con la intención de realizar el túnel que une Austria y Eslovenia a través del paso de Ljubelj (o Loibl en alemán). Yo nunca había estado en un campo de concentración, y éste era uno bastante pequeño y con muy pocos restos, y por eso creo que no tenía ese ambiente desolador que todo el mundo dice se encuentra en otros. Pero a pesar de ello no dejaba de ser algo inquietante ver ese claro en pleno bosque. Todo estaba lleno de flores (pues justo esa mañana se había celebrado el 66 aniversario de la liberación del campo) y también había algunos monumentos conmemorativos. Me llamó la atención que, según las informaciones, no hubo ningún prisionero español, ya que la mayoría de los prisioneros en Ljubelj provenían del campo de Mathausen. Una vez visitado el campo, subimos un poco más por la carretera hasta el túnel y la frontera con Austria (que se encuentra justo a mitad del túnel), donde se encuentra una tienda de frontera exactamente igual a la que había en Rateče y que es igual que las tiendas de los aeropuertos.

Gran parte del campo de concentración...

...y el túnel

Como broche a esta entrada, y probablemente también a mis andanzas ciclistas por cierto tiempo, voy a hablar de lo que hice ese domingo. Y es que fui hasta el lago de Bohinj en bici. Con eso, prácticamente terminé de descubrir todas las carreteras alrededor de Zasip. Llegué hasta el lago y por allí hice un circuito por casi todas las localidades del municipio de Bohinj, terminando en Bohinjska Bistrica, que es la “capital”, a pesar de hallarse algo alejada del lago. Allí estuve curioseando un poco y encontré un cementerio de la Primera Guerra Mundial. Y es que esta zona fue un frente muy importante de lucha entre los italianos y el imperio austrohúngaro. Fue algo bastante más sobrecogedor que la experiencia del día anterior, probablemente porque estaba en una colina alejada de todo bullicio (lo único que se oía era el canto de los pájaros y el rumor del arroyo). Todas las tumbas eran iguales, con una chapa con nombre y posición en el ejército. Entonces, después de los 35-40 kilómetros que hice (no sé exactamente, pues el puto cuentakilómetros ya se me ha roto; ¡cómo odio esos cacharros!), cogí el tren hasta Podhom, porque la carretera que une Bohinj y Bled está demasiado transitada y la verdad es que no se va nada a gusto en la bici.

El cementerio

Resumiendo: estos días, ademas de ciclismo, hubo visitas relacionadas con las guerras mundiales, algo que en la cultura española nos queda bastante lejos y que da gusto ver, para no olvidar la barbarie, que no está tan lejos. Espero seguir saliendo con la bici, pero a partir de ahora ya sólo comentaré cuando haga rutas con algo nuevo que aportar. Podéis respirar tranquilos.

viernes, 17 de junio de 2011

Poemas. France Prešeren. Poeta esloveno, héroe nacional

Una figura triste y meláncolica permanece impasible en la pequeña pero coqueta plaza principal de Liubliana, ya aprieten las heladas del invierno o los rigores del verano, ya se encuentre en la más absoluta soledad o rodeado hasta la saciedad por los asistentes a algún espectáculo o por los jóvenes sentados a sus pies esperando a la cita. Mira de manera desconsolada, como aquel que sabe que no será correspondido, hacia la ventana de su amor platónico, su musa, Julija Primic, que aunque sólo sea así, le corresponde con una tímida mirada. Esta figura no pertenece a otro que a France Prešeren, la gran figura literaria eslovena, que con sus poemas plasmó por escrito el carácter esloveno, esa mezcla de amor a su tierra y melancolía extrema, pero también alegría por vivir. Eso es lo que he podido comprobar en este libro de poemas, con el que me hice hace tiempo en España (por supuesto no sin dificultades para encontrarlo). A pesar de no ser muy devoto de la poesía, no podía dejar de leer a Prešeren, tan importante en la cultura de aquí. France nació en 1800 en Vrba (en esa casa junto a la que pasé el otro día) y murió en Kranj en 1849 (por la casa de su fallecimiento también pasé, aunque hace ya casi dos años, en mi primera venida a este país). Como no podía ser de otra manera, fue un poeta romántico, además de "un bebedor empedernido, un borracho consumado", en palabras del prologuista Felipe Juaristi. Pienso que en cierta medida, es una estupidez traducir poesía (algo sobre lo que el traductor Juan Octavio Prenz habla en el libro), pues se pierde uno de los principales valores poéticos, la rima (la original, me refiero). Pero también es cierto, que sería una pena dejar de conocer a autores de otras lenguas por esta razón. Aún así, me siguen quedando dudas. No en vano he podido comprobar, con mis limitados conocimientos de esloveno, la pérdida de muchos matices en los poemas (se trata de una edición bilingüe, con la selección de poemas en ambas lenguas), si bien se mantiene el significado general. Creo que también  se puede deber a que la edición en algunos aspectos deja bastante que desear. De todas maneras, ha sido muy interesante leer los ejemplos poéticos más importantes de este grande de la cultura eslovena, como la "Corona de sonetos" o "El bautismo en la cascada del Savica" (genial esta composición). La colección de poemas se cierra con "Brindis" ("Zdravljica" en esloveno), cuya séptima estrofa se adoptó como letra del himno esloveno y os dejo aquí plasmada como muestra de la poesía de Prešeren:

Vivan todos los pueblos
que ver el día anhelan,
brille do brillare el sol,
que ponga fin a las guerras,
sean libres
los hombres,
con el prójimo apacibles.

Prešeren inmutable, ante el ballet que vimos el otro día
("El sueño de una noche de verano", por la compañía Tanz
Theater München), dentro del programa del festival
"Junij v Ljubljani". La ciudad rebosa vida estos días.



martes, 14 de junio de 2011

S kolesom do Italije

Pues sí, amiguitos. Mucho me temo que, como seguramente todos hayáis entendido al leer el título de esta nueva entrada, va a caer un nuevo relato sobre ruedas. Prometo ser breve esta vez. Y si habéis entendido, lo habéis hecho bien. En esta ocasión ni más ni menos fui hasta Italia, que se dice pronto. Este finde sólo pude salir el domingo, así que decidí hacer un recorrido más largo de lo habitual (que además tenía que bajar los dos picnics del día anterior). Pero no quería hacerlo tan largo como fue al final, y es que soy tan listo que no sé cómo vi 32 kilómetros de Zasip a Rateče en Internet en lugar de los cuarenta y pico que son. Así me pasaría luego. Rateče (léase "Ráteche") es el pueblo fronterizo con Italia en la esquina noroeste del país por el que ya había pasado en un par de ocasiones con el coche. En esas ocasiones, me llamó mucho la atención el magnífico carril bici que discurre más o menos paralelo a la carretera principal. Así que tenía que probarlo. Además, que me llamaba mucho la atención eso de irme en bici a otro país. Total, que salí de Zasip en dirección a Jesenice (cruzando Podhom y demás, que fue lo único duro del camino), y una vez allí enfilé hacia el oeste por el camino que ya hice aquella vez con Andrej. Y fue al llegar a Dovje y Mojstrana donde me incorporé al carril bici. Ahí empezaron los más de veinte kilómetros de falso llano siempre picando hacia arriba hasta la frontera. El carril bici probablemente sea el mejor por el que he ido nunca: se va por el bosque, atravesando pueblos alpinos, pasando al lado de importantes pistas de esquí y se cruzan puentes de ferrocarril del siglo XIX (no en vano el carril va sobre las antiguas vías del tren que llegaba a Kranjska Gora). El carril pasa por la misma plaza principal de este último pueblo, en la que nunca había estado y que me pareció muy coqueta, además de animada. Desde ahí ya quedaba poco hasta Rateče, y menos mal porque se me estaba haciendo largo. Y es que, lejos de los 32 que yo pensaba, fueron 45 kilómetros hasta la frontera. Acojonado estaba sólo pensando en que tenía que volver. 

Hito fronterizo en pleno carril bici, que continúa en Italia.
Habrá que probarlo algún día

Unas fotitos en la frontera y repostaje con compra de bebida isotónica en la tienda de la parte eslovena (en la parte italiana no hay nada). Y después de este pequeño "ratetxe" en Rateče (una de las estupideces de la visita de Antonio y Eduardo) volví, dudando de si podría completar el trayecto de vuelta. Y eso que, si antes había sido ligera subida, ahora sería bajada. Sí, fui mucho más rápido. Pero los kilómetros no pasan en balde, y a partir de los sesenta mis piernas, especialmente las rodillas, y mi espalda lo empezaron a notar. No en vano nunca había hecho algo tan largo. Mal que bien llegué a Jesenice, no sin antes pasarlas canutas, pues pude comprobar que ese camino de bosque por el que había pasado a la ida (lleno de piedras, barro y charcos) era la continuación del carril bici, con lo cual éste perdió muchos puntos. Hubo un momento en que eché pie a tierra y andé en un repecho duro. Iba exhausto. En fin, como ya llevaba pensado desde hacía un buen rato, a la entrada de Jesenice paré y llamé a Monika para que me viniera a buscar. Metí la bici (llena de mierda otra vez) al coche y vuelta a casa sobre cuatro ruedas. Siempre es un poco una derrota que te tengan que ir a buscar, pero creo que no está nada mal lo que hice. Al fin y al cabo mucho más de lo que pretendía: ochenta kilómetros en tres horas y media.

Casi que esta debería ser la portada del blog. Prometo
cambiar de tema para la próxima entrada
 

martes, 7 de junio de 2011

Sin parar por la Mitteleuropa

Pues sigo con la tónica de aprovechar los findes a tope, ¡y que dure! Este fin de semana más ración de bici y también de "hiking". Sé que a muchos (bueno, a algunos, que este blog no lo lee ni dios) os aburren estas entradas, pero así es la vida. ¡A mí me encantan! Me lo paso genial descubriendo Gorenjska y la verdad es que, gracias a la bici, me conozco bastante bien la comarca de los alrededores. El viernes, nada más terminar mi jornada en Kresnička, me fui corriendo a Zasip a coger la bici para aprovechar el poco tiempo de luz que quedaba. Sólo algo para desentumecer las piernas. Decidí variar un poco el recorrido, que últimamente me estaba encasillando. Aunque no dejé de repetir, porque ya poco puedo hacer para no repetirme si no quiero irme muy lejos. Esta vez tome el camino de Breg y Žirovnica hacia Begunje, pero giré hacia la derecha a la altura de Breznica en dirección a Vrba, pueblo por el que no había pasado. Si Vrba es conocido es por ser el pueblo donde nació Prešeren (la entrada en la que hable de él se acerca irremisiblemente), al lado de cuya casa natal pasé. Y después de Vrba hubo bastante improvisación, ya que empecé a meterme por caminos y bosques sin saber muy bien dónde iba. Un gustazo. Disfruté de un buen rato de "off-road" y al final me di cuenta de que acabé en el campo de golf del Bled, por el que nunca había pasado. No está mal pedalear entre los "greens". De ahí se sale (por una bajada vertiginosa que me sorprendió mucho encontrar) a la carretera principal que une Lesce y Bled, así que encaré la subida a Bled y de ahí vuelta a "casa". La verdad es que noté que las piernas me iban mucho más sueltas que de costumbre (no en vano se tenían que notar los días que habíamos salido Monika y yo a correr durante la semana por Tivoli, el parque de Liubliana). Y esto se confirmaría los días siguientes. El sábado volví a salir y se convirtió en un día grande de ciclismo. Empecé por el mismo recorrido pero llegué hasta Begunje, y a partir de ahí empezó la innovación. Desde allí continué cruzando Zgoša, Zapuže y Zgornji y Spodnji Otok hasta llegar a Mošnje, que es el pueblo del padre de Monika y donde viven sus abuelos (a los que conocí el domingo; bueno, a la abuela ya la conocía de antes). Por cierto, "mošnje" significa cojones, que manda huevos. De ahí bajé a Globoko, parada del tren que me lleva cada día a Lesce y que como su propio nombre indica (significa profundo) está en las profundidades del curso del Sava. Así que salir de ahí solo se podía hacer de una manera: con dolor. Cuestón hasta Mišače, y desde ahí, con titubeos incluídos sobre qué dirección seguir (estaba un poco perdido), otro cuestón más hasta Lipnica. De ahí, con equivocación de dirección, decidí seguir hasta Kropa y visitar a mi compañera en Kresnička Edina. Me recibió muy amablemente, me dio de beber y me presentó a su nieto. Pude descansar después de 30 kilómetros y ver el tormentón que empezó a caer. Con esas, esperé a ver si escampaba, y cuando ya sólo chispeaba emprendí el camino de vuelta. La llovizna me acompañó todo el rato, y esto unido a lo empapada que estaba la carretera, convirtió los veinte kilómetros de vuelta (a través de Kamna Gorica y Lesce) en una aventura que me dejó bastante calado. Pero me encanta montar de vez en cuando con lluvia. Igual que en las etapas de ciclismo por la tele, lo convierte en más mítico. Total, fueron 51 kilómetros en dos horas y veinte minutos. Aún me quedaron fuerzas el sábado por la noche para salir al Grajski pub de Radovljica, donde estuve con unos españoles que había conocido hace unos días (y es que hay, al menos, un par de chicas españolas que viven en la zona de Bled). Allí, pinchaba reggae DJ Sanka, que es un jamaicano que vive en Zasip desde hace tiempo. Además, mientras les esperaba, me encontré a una compañera del centro social de Radovljica y estuvimos conversando un buen rato, con lo que confirmé que realmente ya puedo hablar esloveno (evidentemente, queda muchísimo por mejorar). Y para terminar, el domingo nueva subida con Monika y Kala hasta la cima de Hom, improvisando un poco a la bajada, que hicimos en parte por la otra vertiente, la que da a Jesenice. Y tenía que concluir la conquista de Hom, así que por la tarde volví a salir con la bici y me hice 25 kilómetros. Cambié de inicio, y esta vez fui hasta Krnica y me asomé al inicio del puerto de Pokljuka, que me gustaría intentarlo como gran reto en verano. Lo que vi no fue muy alentador: un cartel de curvas peligrosas durante los 15 kilómetros siguientes y una señal del 12 % de desnivel. Pero no me voy a dejar amilanar. Volví hacia Bled, pasé una vez más por Bodesče y demás pueblos y al volver a Zasip volví a intentarlo con su muro. No iba con muchas esperanzas, pero lo logré. No os podéis imaginar como respiraba al llegar a arriba, parecía un búfalo. Sólo es un kilómetro de ascensión desde la entrada al pueblo, pero las revueltas dentro de Zasip son horrorosas y una vez ya saliendo del pueblo empiezan 400 metros (que se dice pronto) que deben estar en algún lugar entre el 15 y el 20 %. Pero lo logré. Mi autoestima bicicletística después de este finde está por las nubes. Y sí, ha sido un tostón de los que hacen época, pero haberlo pensado antes de empezar a leer.

Vistas desde la otra ladera de Hom

Por cierto, lo de la Mitteleuropa se debe a que esta semana me terminé un libro del creador de este concepto, el triestino Claudio Magris. El libro no tiene mucho que ver, en teoría, con Eslovenia, sino con "El Danubio" (así se títula la obra), pero no deja de haber menciones a este país. Sin ir más lejos, la cita de inicio (algo muy significativo) es un canto popular esloveno que dice así: "cabalgan lejos hasta el Danubio...". Y es que el Sava, mencionado aquí ya muchas veces y principal río esloveno, es el mayor afluente de ese Danubio (Donava en esloveno) que enamora y que visité en numerosas partes durante mis correrías erasmus en Viena. La Mitteleuropa es la civilización centroeuropea de preponderancia germánica que se tendió a expander hacia los Balcanes. Eslovenia, que no cuenta en sus tierras con el Danubio y que no es parte de los Balcanes (por mucho que muchísima gente se empeñe en así decirlo, Eslovenia es Centroeuropa), está absolutamente impregnada de esa cultura mitteleuropea. El libro, que lo cogí del Instituto Cervantes de Liubliana, es buenísimo, pero esa es otra historia que debe ser contada en otro momento.

miércoles, 1 de junio de 2011

Conquista total de Hom a medias

En medio de la desidia que me embarga las mañanas en las que no tengo clases, como hoy, descargo un poco de aburrimiento contándoos que el domingo pasado volvió a girar en torno a Hom. Antes había conseguido subir hasta arriba con la bici a la tercera, pero en realidad ese arriba no es el arriba del todo. Más bien es la mitad, porque se puede seguir subiendo. Y hasta la cima subimos (andando) Monika, Kala y yo, a través de atajos con una pendiente increíble. Una horita de agradable paseo pasando de los 556 metros de altura de Zasip a los 834 de la cumbre de la colina. En lo alto hay unas cajas que contienen un libro para que la gente que suba firme en él y un sello con el que puedes guardar un recuerdo del ascenso. Eso es algo que también había en Golica y es algo habitual para el montañismo aquí, y supongo que también en otros lugares del mundo (no lo sé, porque estas cosas sólo las he hecho en Eslovenia). Después de un descanso, por la tarde estuve limpiando la bici y engrasándola, que ya le hacía falta porque llevaba un buen tiempo con mucho barro (soy un dejado...). Y aunque era tarde no podía dejar de salir un poco con ella, que no cogía la bici desde hacía mucho tiempo (sin contar mis paseos en Liubliana con BicikeLJ, el sistema público de alquiler de bicicletas recién inaugurado). Y pude comprobar que, efectivamente, le hacía falta una puesta a punto. Iba mucho más suelta. El recorrido que hice fue prácticamente el mismo que aquel de la última vez con la súbida a Hom, lo único que suprimí el paso por Selo y la subida final a la colina quise afrontarla a través de Zasip y no por las afueras. No pude con ello, tal como me temía. Es muy corto, pero la verdad es que estas últimas semanas he engordado bastante. Aún así, llegué justo hasta la última casa del pueblo. Justo después de pasar la rampa más dura (que yo creo que no está muy lejos del 20 %) eché el pie a tierra, porque mi corazón no daba más de sí. Habrá una próxima vez, supongo.

Hace tiempo que Kala ya está muy grande.
Aquí, con la cruz (¡qué católico soy!)
que hay en la cima

Las cajitas en los árboles. Muy bucólico todo

Y el souvenir