domingo, 12 de febrero de 2012

A dance with dragons

Vuelvo a bailar con dragones. O tal vez nunca lo dejé de hacer. A lo mejor incluso lo hacía más antes, de un lado a otro, malgastando tiempo, sin un refugio donde guarecerme. Ahora tengo mi pequeña torre, desde la que observo el más mínimo movimiento. Ya no es una cueva como antes, donde apenas veía la luz del sol. He pasado de las profundidades de la tierra a la altura de los cielos. He cambiado la oscuridad por la claridad. La extenuación por el descanso.



No hay mejor forma de volver a bailar con dragones que hacerlo con una de las bandas preferidas de uno, Bernays Propaganda. Volvían a Liubliana después de aquella vez y no me podía permitir perdérmelos. Ni el frío aterrador ni el incipiente constipado que hacía sus primeros actos de aparición y que dejó a mi compañera de faenas derrotada en la cama aplacó el deseo. Así, sólo y agotado después de una interminable jornada laboral, me subí a la bici en dirección a Metelkova. Tampoco la larga espera hasta la apertura de las puertas me hizo desistir. Por fin, Gala Hala, otro de los bares de Metelkova, abrió sus puertas, recién renovadas. Lo hacían por primera vez para mí, mostrando un más amplio espacio que aquel de Menza pri Koritu, aunque no tan amplio como yo esperaba. Los ocho euros que había supuesto la entrada empezaron a ser rentables cuando calentaron motores para las cien personas que habría la banda eslovena Paper Plane Crash, que a pesar de tocar solo media hora me agradaron con su autodenominado "disco crust". Poco después vendrían con su habitual energía los susodichos macedonios Bernays Propaganda. Hay que ser valiente para hacer una gira balcánica con la que caía, en plena ola de frío siberiano. Una hora estuvieron haciéndome contonear el cuerpo, intercalando gran cantidad de canciones nuevas con temas de sus dos discos. Después, pasada ya la medianoche, volví a subirme a lomos de una bicicleta para regresar a esa casa en la que había empezado a vivir apenas cinco días antes, ignorando las temperaturas inferiores a cinco grados bajo cero que reinaban en el ambiente. A esa casa en la que nos empezamos a sentir muy a gusto, a pesar de sus limitaciones espaciales y sus carencias. Desde ella dominamos un nuevo horizonte para nuestras vidas.


sábado, 28 de enero de 2012

Doma...

Demasiado tiempo. Soy consciente de ello. Son cosas que pasan cuando se tienen muchas casas y ninguna, que no se encuentra el tiempo necesario para echar el freno, sentarse y reflexionar. La Navidad este año la pasé entera en Eslovenia y pude confirmar que no se celebra tanto como en España, o al menos no en todas las familias. Cosas comunistas. Se me hizo bastante raro no celebrar Nochebuena, pero al menos este año nos tomamos las uvas gracias al canal internacional de TVE, que a menudo lo veo en Zasip. Eso fue lo de mayor interés que hicimos en Nochevieja, porque a la mañana siguiente nos esperaba el largo camino a casa. Es decir, a Madrid. A las cinco de la mañana nos levantamos para ir a Lesce a coger el tren a Liubliana. Y en esta ocasión la novedad fue que cogimos un transfer desde Liubliana directo a Marco Polo (el aeropuerto de Venecia) con la empresa eslovena DRD. La verdad es que somos idiotas, porque es la forma más barata y rápida de hacerlo, pero hasta ahora no la habíamos considerado. Unas dos horas y media de viaje por 25 euros, y es bastante fiable (aunque a la vuelta, que también hicimos lo mismo, fue un tanto surrealista). Hicimos el tradicional vuelo Venecia – Madrid, pero esta vez fue con Easy Jet por primera vez, porque los imbéciles de Vueling han quitado este vuelo. Me gustaría saber por qué, porque siempre iba lleno. Pero bueno, con Easy Jet sale más o menos igual de precio. Nunca he contado por aquí cuando he estado en España, pero esta vez me apetece decir algo, porque las visitas van escaseando y cada vez lo echo más de menos. Estuvimos una semana, en la que vimos a multitud de gente (no lo puedo evitar y tengo que ver a todo el mundo aunque sea cinco minutos) y simplemente hicimos un viaje a Daimiel a visitar a Silvia después de su reciente marcha de Eslovenia. Claro está, aprovechamos para ver las Tablas de Daimiel. Además de esto, compras, roscón de Reyes y poco más. Volver a Eslovenia me ha costado mucho más esta vez. Supongo que por varios factores: que llevo más tiempo aquí y mis visitas son más escasas (aunque prometo que en 2012 va a haber muchísimas más que el año pasado), que mi casa de Madrid ya tenía terminada prácticamente la reforma y que Monika esta vez vino conmigo, por primera vez desde que vivo aquí.

En Las Tablas de Daimiel

Una de las primeras noches en Madrid nos encontramos esto
en una cervecería. Un montón de etiquetas de cervezas
"yugoslavas". La mayoría son eslovenas, de diferentes
productos de Laško y Union, las dos grandes principales
cervezas del país y con gran rivalidad entre sí (aunque la
propietaria es la misma empresa). Son etiquetas bastante
antiguas, porque la mayoría de productos ya ni siquiera existen.

Desde que he vuelto, lo mismo de siempre. O casi. La rutina de trabajar y pasar muy poco tiempo por casa (Zasip), porque ya no tengo descuento en los trenes al haber cumplido los 26 años y es mucho más caro. Así que he aprovechado para quedarme unos cuantos días en casa de nuestro antiguo vecino en Liubliana o en casa de un amigo español que hice hace algunos meses y con el que cada vez tengo más trato. Aitor se llama. En una de esas fuimos a la inauguración de una exposición fotográfica en la Galería Nacional eslovena coorganizada con la embajada española, donde pude comer queso manchego y jamón por la patilla. La exposición se llama "La mirada en el otro", y ya ha estado en varios lugares reuniendo diferentes fotos de Premios Nacionales de Fotografía. No la vi completa, y la verdad es que no me pareció muy interesante, pero hay fotos de gente bastante conocida como Ouka Leele o Alberto García-Alix. Yo es que no soy muy fan de la fotografía. Y aparte de esto hay dos novedades muy importantes en nuestra vida. La primera es que ya no tenemos coche. Al Daewoo Matiz últimamente siempre se le estaba rompiendo algo y suponía una sangría de dinero que ya no nos podíamos permitir más. Así que con todo el dolor de nuestro corazón decidimos enviarle a mejor vida. Es una putada estar sin coche, pero si no nos lo podemos permitir es en gran medida porque por fin volvemos a vivir a Liubliana. Nada más volver de España nos pusimos por fin en serio a buscar pisos, porque yo ya trabajo bastante más, y después de tres días y de no haber visitado muchos dijimos que sí a uno. Era barato y no está lejos del centro, así que a pesar de que es muy pequeño y de otras carencias nos decidimos por él. Este mismo domingo nos mudamos, así que ya contaré más sobre él.

Siempre te recordaremos, pequeñín. Inolvidables tus viajes a
Italia, a Austria (subiendo ese horrendo puerto de montaña),
a Croacia (saltándonos la frontera), etc.
Descansa en paz, te lo mereces.

jueves, 22 de diciembre de 2011

T.G.I.F.

El viernes pasado fue el primer viernes que salí por Liubliana. Curioso que sea ahora que no vivo allí, y después de tantísimo tiempo. Pero no lo escondo, desde que vine a Eslovenia llevo una vida de pureta total, y yo tan a gusto. La razón fue que teníamos un par de fiestas de amigos. La primera era una celebración de cumpleaños de una amiga de Monika. Estuvimos en su piso en Bežigrad (uno de los barrios principales de la capital) picando algo y después marchamos para el centro al segundo evento de la noche. Silvia, otra voluntaria española, celebraba una fiesta de despedida, ya que se marchaba a casa, de momento para no volver. Una pena, porque Silvia diría que fue mi primera amiga por aquí, y la echaré mucho de menos. Cuando llegamos a Green Space (un nuevo bar de tapas en el centro regentado por un francés y un español, pero en el que no comimos nada; ya habrá otra ocasión) los ánimos ya estaban caldeados y después de algunos "bambus", que como ya he dicho algunas veces es el calimocho esloveno, nos marchamos a Orto. Es uno de los pocos garitos de rock al margen de los de Metelkova. Está un poco a las afueras del centro y, sí, os podéis reír con el nombre (que por cierto, mi paquete de telefonía también se llama así; no sé que les pasará a los eslovenos con los ortos). Ya había estado hacía mucho tiempo, pero no en este plan. La verdad es que estaba hasta arriba y nos los pasamos bastante bien, hasta que Monika y yo nos fuimos a dormir a casa del ex-vecino, al lado de nuestra antigua morada. Fue una sensación entrañable salir en fin de semana en la ciudad después de tanto tiempo y ver ese ambiente especial que recorre las calles.

¡¡¡Silvia vuelve!!!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Noch einmal in Wien

Sí, amigos que entienden algo de alemán. A este paso va camino de convertirse en una tradición, y no es otra cosa que la visita navideña a Viena. Si el año pasado fue el fin de semana anterior a mi cumpleaños, éste lo ha sido el de justo después. Muchas cosas han sido iguales, pero otras han sido bastante diferentes. Esta vez fuimos en coche con amigos eslovenos, saliendo el sábado prontito por la mañana desde Zasip y llegando a la otrora capital habsbúrguica para comer, cosa que hicimos (como no podía ser de otra forma) en Deewan. El trayecto se alargó un poco más de lo esperado, porque las autoridades eslovenas tuvieron a bien cerrar el tramo de autopista entre Celje y Slovenske Konjice (dos localidades importantes) sin una razón de peso. Yo creo que simplemente por joder un poco al personal. La frontera la cruzamos en Šentilj, que precisamente fue el primer punto por el que entré en Eslovenia allá por julio de 2009. Por cierto, he de decir que las autopistas eslovenas no le tienen nada que envidiar a las austriacas, y que en algunos aspectos son incluso mejores.

Una de las paradas a la ida la hicimos en Trojane,
lugar típico de parada en los viajes por Eslovenia
para degustar sus famosos y típicos "krofi",
que son una especie de donuts. A mí no me
gustan especialmente, pero había ganas de
probarlos allí, que es curioso ver los anuncios
por las zonas cercanas de la autopista. Atención a la
calidad de la foto, hecha con mi flamante nuevo móvil

Nos volvimos el domingo cuando cayó la noche, así que en realidad estuvimos un poquito más de 24 horas. Horas que nos dieron para visitar unos cuantos mercados navideños (el del ayuntamiento es increíble la de visitantes que tiene), con su correspodiente "Glühwein". Esta vez también cayeron unos cuantos "Punsch" (ponche), que los había de mil sabores diferentes. Y, por descontando, también catamos el famoso kebab vienés. Este año además nos permitimos el "lujo" de ir a la ópera. Es un decir lujo, porque las entradas (de pie) salieron a dos euros por barba. La primera parte sí nos tocó aguantar como unos campeones, pero fichamos unos asientos libres y ya para la segunda la vimos tan ricamente sentaditos. ¿Y qué vimos? Pues Carmen, que yo ya la había visto, pero no en la Volksoper como en esta ocasión sino en la Staatsoper (con la consiguiente diferencia de calidad), y no en alemán sino en francés, idioma de la versión original. Me extrañó el hecho de que fuese en ese idioma, pero tal vez se deba a que la Volksoper es la ópera popular, como su propio nombre indica. En fin, ni idea.

Con todos ustedes el mejor postre de la historia:
"mango kheer", cortesía de Deewan

Claro está que de nuevo me entraron ganas de quedarme mucho más tiempo allí, pero no me sentí tan extraño como el año pasado. El tiempo pasa y el erasmus me parece ya algo lejanísimo. Y gracias a esto disfruté mucho más la visita. Pudimos ver a algunos amigos de aquella época con los que aún tenemos contacto, pero, la verdad, ya no sé sí me gustaría vivir allí. Por una parte sí y por otra no. Otra cosa que pude comprobar es que, como me temía, mi alemán prácticamente ha pasado a mejor vida. Si leo algo puedo entender más o menos, pero si intento hablar el esloveno siempre me invade la frase. Y es que supongo que los tengo almacenados en la misma parte del cerebro. Con el inglés no me pasa, pero digo yo que será porque lo tengo mucho más asimilado. Al menos, puedo decir que mi esloveno no está nada mal, porque casi todo el finde lo pasé hablándolo, y no poco.

El mercadillo navideño de Spittelberg, uno de los más coquetos.
Nótese la falta de nieve. Por aquí nos seguimos preguntando
dónde está

domingo, 4 de diciembre de 2011

Še en koncert

Entrada número 50. Siempre he pensado que las efemérides, o números significativos como este, son una tontería como un piano, pero es algo tan arraigado en nuestra cultura que es prácticamente imposible sacárselo de la cabeza. Y muchas veces hasta nos condicionan. Pero esta vez no ha sido el caso. Tengo una entrada diferente pensada desde hace mucho tiempo, pero nunca encuentro la inspiración, las ganas o el momento de sentarme a escribirla. Así que tendrá que esperar, o tal vez nunca llegue a transformarse en palabras. Pero a lo que vamos. Anoche salimos (¡milagro!) y fue otra vez para ir a un concierto de John Doe. En esta ocasión era en Lancovo, un pueblo más pequeño que Zasip que queda a unos diez kilómetros, en un bar con una decoración más que peculiar (como podéis ver más abajo). La entrada era libre y el bar estaba bastante lleno. Ellos empezaron la noche, y pude ver más de lo mismo que había hecho otras veces anteriores: simplemente unas cuantas buenas versiones de rock (destaco una nueva que hicieron del temazo "What you know" de Two Door Cinema Club), porque no tienen bajista fijo y eso les condiciona mucho el repertorio. Tocaban otros dos grupos. Los siguientes fueron MIT, que iniciaron la parte metalera de la noche. Yo diría que se acercan al Nu metal, pero tampoco estoy muy puesto en estas corrientes. Al poco de que empezaran a tocar me di cuenta de que ya había oído algo de ellos en un programa de videoclips de música eslovena que antes me tragaba con asiduidad. Me gustaron bastante. Tenían mucha actitud en el "escenario" (que no lo había) y un sonido demoledor, y tocaban más que bien. Además, se marcaron unas versiones muy guapas de Depeche Mode. Os dejo con el videoclip con el que los había conocido, parte del cual está grabado en la facultad de Monika en Liubliana, en lugares en los que paso no pocos ratos muertos:



Los encargados de cerrar la noche fueron Profeel, a los que ya no vi porque tiraban más hacia el Trash, y a mí ese estilo me va más bien poco. Además, estaban a un volumen ensordecedor y los oídos me dolían. También empezaba a ser tardecillo y uno ya no está para esos trotes.

Lo prometido es deuda. Esto es lo que captó mi atención
nada más entrar en el local. Estaba decorado todo con
carteles antiguos, principalmente de calles (había justo uno al
lado de éste de la "Avenida del Mariscal Tito" de época
yugoslava). Viendo otros, pude deducir que concretamente
era de Radovljica (Radmannsdorf para los alemanes), y lo que
me sorprendió es que era original de la época, estoy seguro.
Viendo mis últimas entradas puede parecer que soy de
tendencias nazis, y nada más lejano a la realidad. Lo que sí
es  cierto es que, como "historiador", este período histórico
me fascina y poder ver cosas como estas in situ
es más que interesante.