martes, 8 de enero de 2013

¡Es!

El caso es que Monika ya me había hablado de él, pero con tanto trajín ni me había vuelto acordar. En cualquier caso, este viernes pasado fuimos a tomar algo allí con unos amigos que viven al lado y me sorprendió. Y entonces me vino a la cabeza que Monika me lo había dicho un día. ¡Que de lo que estoy hablando es de un bar! Y se llama "¡Es!" No sé si en realidad pretende pasar por ser un bar español, porque no llega a más allá de una cafetería de las que aquí hay miles. Sí, tiene algunos cuadros de gente española y del Quijote, unos cuantos abanicos y una guitarrita. ¿Pero eso es suficiente para montar un bar español? Lo más curioso de todo es que está en nuestro barrio, en Šiška, que es uno de los barrios más obreros de Liubliana (y cada vez más mi favorito). Por hacer una comparación podría ser como Vallecas, salvando las distancias. Así que no es que esté en el centro precisamente. La carta poco ofrece de nuestra rica gastronomía. Tienen una cosa a la que llaman "Tapas" que no pedí, pero que mucho me temo se trate de unos cacahueses y tirando millas. Al menos tienen un par de Riojas en la carta de vinos, porque de cerveza o condumio español ni rastro. Curioseando vi que tienen página de Facebook y ahí pude ver que abrieron hace poquito, el junio pasado, y que organizan noches de flamenco. A lo mejor me dejo caer por alguna a ver qué se cuece.

¿Es?

jueves, 13 de diciembre de 2012

Špan(s)ka noč

Este sábado añadía una muesca más a mi biografía y había que celebrar una fiesta en casa, para juntarnos los amigos. Algunos españoles, bastantes eslovenos y un holandés. Por la mañana Monika y yo cruzamos (en autobús) media Liubliana, cubierta por los más de 20 centímetros de nieve que habían caído durante la noche anterior y con un vendaval importante. El destino era Leclerc, el único hipermercado francés en Eslovenia y que, consecuentemente, se parece bastante a mi añorado Carrefour. El objetivo era pertrecharse de condumio para el guateque. Y es que en Leclerc es el único lugar, al menos que yo sepa, donde se pueden conseguir algunos productos españoles. Por ejemplo, chorizo de Pamplona y queso manchego. Eso sí, a un precio nada bajo. Todo fuera por la causa. A estos manjares añadimos un par de tortillas de patatas, en cuya factura vamos mejorando. 

En casa se empezó a caldear el ambiente y se pasó bien. Pero lo mejor estaba por llegar. Una vez pasada la medianoche abandonamos el refugio y salimos a las calles bajo cero, lo que desembocó en una de las guerras de nieve más cruenta jamás vista. Nos pusimos finos. Y es que el trayecto a pie desde mi casa hasta Metelkova no es precisamente corto. El destino era Gromka, otro de los garitos de Metelkova. En este no había estado nunca, pero es muy similar a Menza pri Koritu. ¿Y por qué fuimos allí? Pues porque en este bar una vez al mes más o menos se celebra la "Špan(s)ka noč". Es decir, Mikel, uno de los españoles en Eslovenia, pincha música patria, desde rock hasta la pachanga más pura y dura. Siempre había querido ir, pero por a o por b, nunca se había dado la situación. ¿Qué mejor que hacerlo para celebrar el cumpleaños de uno? Llegamos ya pasada la una y nos recibió música de Ska-p o Soziedad Alkoholika. La cosa prometía, pues ya sabéis que este es mi tipo de música, pero fue decayendo, porque se fue pasando cada vez más al pachangueo. ¡Hasta sonó Shakira! Además, pedí Segismundo Toxicómano y no lo tenía (¡¿Cómo?!). Pero bueno, aún así no estuvo nada mal, se echaron unos bailoteos y por fin pude conocer esta fiesta, una institución para los españoles en Eslovenia. De hecho, había bastantes erasmus con la misma nacionalidad en su documento de identidad. A las tres y media, cuando chapaban, recogimos velas y fuimos a por el descanso del guerrero. Total, que se pasó de puta madre. Una pena que los amigos al otro lado de la frontera no pudieran estar también.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Berri Txarrak

No todos los días tiene uno la oportunidad de ir a un concierto de uno de los mejores grupos de rock del estado español en Eslovenia. Aunque no se trataba del primer concierto de un grupo de allí al que iba aquí. De hecho hace un par de meses estuve viendo en Rog a los segovianos, amigos de amigos, Entröpiah, grupo de grindcore con el que, extrañamente, no coincidimos en los escenarios cuando No me Jodas. Pero lo de Berri Txarrak era otra cosa. Es verdad que tampoco es que sea su mayor fan; en realidad, jamás he escuchado ninguno de sus discos entero. Pero sí muchas de sus canciones. Son el grupo más importante de rock en euskera, cosa que yo creo que es la que me echa hacia atrás a la hora de escucharlos más. Pero sus melodías y su intensidad son sencillamente espectaculares. Y eso es lo que tuve el privilegio de poder experimentar este lunes. Como uno de los grupos estatales con mayor reconocimiento internacional se han echado a las carreteras para recorrerse media Europa en dos o tres semanas, a concierto por día. Y la parada del lunes 3 de diciembre era el bar Orto de Liubliana, sin duda el mejor garito de rock de la capital (a pesar de su nombre). Y he dicho privilegio porque apenas éramos 20 personas en la sala, la inmensa mayoría erasmus vascos. Eso sí, también había un personaje de esos que se te graban a fuego en la memoria: un hombre esloveno de cierta edad ataviado con la camiseta y la bufanda del Athletic coreando consignas abertzales entre canción y canción. Hasta los del grupo se descojonaban. En teoría había un grupo de metal esloveno como teloneros, de nombre Inmate, pero yo creo que no tocaron, porque no había ni rastro de ellos. El caso es que no lo sé, porque yo trabajaba hasta tarde y apenas medio minuto después de pagar la barata entrada de siete euros y pasar a la sala los vascos comenzaban. Sería una hora de intenso repertorio y un buen show, con sus canciones más populares e incluso con algunas palabras en esloveno, gesto digno de elogiar. Era su primera vez en el país y para mí fue un conciertazo. Hubo una comunión total con el público. A mí al día siguiente me dolía el cuello, dato inequívoco de que fue un buen concierto. Me lo gocé bastante e incluso me metí en un minipogo que se formó, lo cual no hacía desde tiempos inmemoriales. ¡Así da gusto matarse a currar un lunes!


domingo, 2 de diciembre de 2012

Slovenski knižnji sejem

La semana pasada, de miércoles a domingo, se celebraba la ya vigésimo octava edición de la Feria del Libro Esloveno. Años anteriores no recuerdo haber visto carteles publicitarios de ella, o tal vez por un ojo me entraron y por el otro me salieron. El caso es que esta vez sí que reparé en ellos y, como me encantan los libros, no podía dejar pasar la oportunidad. Me encantan los libros, pero soy un rata para gastarme dinero en ellos. ¿Para qué están las bibliotecas si no? La feria tenía lugar en Cankarjev Dom, un espacio multiusos en el centro de Liubliana que ya he mencionado en alguna ocasión. El miércoles había una presentación del último libro de Žižek traducido al esloveno, pero no estoy seguro de si pertenecía a los actos de la feria. Quería ir, pero había que pagar cinco euros, lo cual me parecía un insulto. Así que otra vez será. La feria combinaba la exposición de nuevas publicaciones de numerosas editoriales eslovenas y la celebración de diferentes actos culturales. Nosotros nos acercamos el sábado. Eran tres plantas repletas de estands de librerías o editoriales. Estaba bien: muchísima gente y buen ambiente, pero prácticamente todo eran nuevas publicaciones, y la verdad es que a mí eso me interesa tirando a poco. Siempre he sido más un lector de clásicos. Así que por esa parte resultó un poco decepcionante. El día se cerraba con una charla con Boris Pahor. No nos quedamos hasta el final, porque estábamos de pie y además a mí se me hacía un poco difícil seguir su discurso, muy interesante pero con muchas divagaciones. En cualquier caso una experiencia espectacular escuchar y ver de cerca a una persona de ¡99 años! que estuvo en campos de concentración nazis. Y si bien es cierto que no me compré ningún libro para progresar con mis lecturas en esloveno, al día siguiente la situación cambió. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Laško

Eslovenia es un país católico. Pero el 31 de octubre es un día festivo, el Día de la Reforma. Tal vez haya mencionado esto ya en el blog, pero ello se debe a que el primer libro publicado en Esloveno fue uno religioso del pastor protestante Primož Trubar. He aquí la respuesta a esta incongruencia. Además coincide con el también festivo 1 de noviembre y todo ello se aprovecha para las vacaciones escolares llamadas "Krompirjeve počitnice", una semana entera en la que no hay clases. Todo ello se traducía en una semana descargada de trabajo para mí, y eso había que aprovecharlo. Nuestra situación económica empieza a ir mucho mejor, y por fin nos empezamos a pemitir cosas que antes no podíamos. Y la verdad es que da gusto. Así pues, dicho 31 de octubre decidimos utilizarlo en descubrir un lugar de Eslovenia. Bueno Monika ya lo conocí. Yo solo de paso en el tren. El lugar en cuestión era Laško. Si por algo es conocida esta localidad, de poco más de 5.000 habitantes, es por la cerveza. Y es que la cerveza más famosa del país se llama Laško y se empezó a producir en este pueblo ya en 1825. Eslovenia tiene dos tipos de habitantes: los que beben Laško y los que beben Union, la otra cerveza del país (ésta con sede en Liubliana; de hecho, la fábrica está en mi calle). Hay sus disputas en torno a ello, pero lo más gracioso de todo es que Union pertenece a Laško. El poder de la fábrica cervecera es obvio. De hecho, el pueblo está lleno de estatuas relacionadas con la cerveza y/o subvencionadas por la empresa. Además, en julio tienen uno de los festivales más populares del país, "Pivo in cvetje" (cerveza y flores), el cual mucha gente me ha recomendado visitar. 

La "Kralj" de la cerveza

Pero no solo de cerveza vive Laško. Es un lugar bonito, pero como siempre digo, solo para visitar. Se encuentra encajonado entre montes y partido en dos por el cauce del río Savinja, un importante afluente del Sava y que pocos días después de nuestra visita casi anega parte de la ciudad en las recientes inundaciones por toda Eslovenia. Tiene un casco antiguo importante, aunque algo muerto, ya que la ciudad siempre ha tenido cierta riqueza. Nosotros dimos un paseo por el centro, bonito pero muy muerto, y es que apenas había un bar o un par de tiendas. Para culminar la parte cultural de nuestra visita subimos al castillo, por una ladera medio cubierta de nieve. El castillo parecía muy grande desde abajo, pero resultó ser muy chiquitín. Por supuesto, totalmente reformado gracias al dinero de la cerveza. Actualmente es un restaurante, al que quisimos encontrar la entrada pero no lo conseguimos. Nos comimos los bocadillos que llevábamos preparados con las vistas sobre la ciudad y a continuación emprendimos la bajada para la segunda parte de nuestra visita, la de relax. Porque Laško también es muy conocido por sus aguas termales. Tiene un balneario dividido en dos partes, una dedicada a la salud y otra al recreo. Nosotros nos decantamos por la parte más recreativa. Por cierto, no lo he dicho, pero si fuimos a Laško es porque los trenes los días de festivo tienen un 30 % de descuento en los billetes de ida y vuelta, y además la empresa nacional de trenes tiene un descuento en la entrada a algunos balnearios (como este) al presentar el billete de tren. Al ser un día festivo había bastante gente en el spa, incluyendo unos cuantos italianos. Nos costó encontrar tumbona, pero a la hora a la que fuimos alguna gente se empezaba a marchar. Estuvimos unas cuatro horas, menos tiempo del previsto, y es que a pesar de que el centro estaba bien (en el interior era un espacio único con una cúpula espectacular), el agua no estaba tan caliente para nuestro gusto. Además, obviamente, la mayor parte al aire libre no estaba disponible, así que apenas pude probar toboganes. Bueno, tampoco los había tan espectaculares. Así, ya anochecido, nos marchamos al tren de vuelta, con el cansancio típico después de estar unas cuantas horas en remojo.

De abajo arriba...
y de arriba abajo
Con el susodicho Trubar en Laško

Agüita